La investigación permite validar un mundo y auto validar la construcción de sociedades más justas donde pueda imperar la racionalidad guiada por nuestras aspiraciones emocionales de ser felices. Asimismo, la institucionalidad que se ejerce en el quehacer de producir conocimiento científico se circunscribe en un marco que es necesario, para los investigadores, aplicar para alcanzar la gran proximidad a responder las interrogantes en diferentes campos de estudio y dimensiones de la realidad.
En una visión tradicional de la investigación, las personas buscan las explicaciones “para lo cual es necesario conocer, describir e interpretar los hechos o fenómenos para comprender sus regularidades” (Babor et al., 2017). La importancia de esta actividad estriba entonces en su finalidad. Constantemente, las sociedades generan problemas de distinta naturaleza; la investigación se propone resolver las limitaciones de conocimiento que, con vinculación material, se acercan a resolver los existentes en la realidad empírica.
Por otro lado, tras numerosas ediciones de su manual de metodología, recientemente, Hernández-Sampieri y Mendoza Torres (2018) han ofrecido una definición consensuada de investigación: “conjunto de procesos sistemáticos, críticos y empíricos que se aplican al estudio de un fenómeno o problema con el resultado (o el objetivo) de ampliar su conocimiento” (p. 8).
En el planteamiento, que se constituye en la primera etapa del proceso, los investigadores enuncian la relevancia del estudio expresando su justificación, pertinencia y la motivación personal para emprenderlo. Es el caso del acontecimiento histórico, que supone la pandemia constituye, por ejemplo, un gran motivador de investigaciones. Las ciencias biológicas, químicas y médicas han tenido que responder desde el día uno a la incertidumbre académica del nuevo coronavirus; así también desde las ciencias sociales y humanidades la pandemia ha dado múltiples razones para analizar nuevos fenómenos y tratar de comprender la emergencia de otros de similar naturaleza. Además, es conveniente mencionar las otras pandemias, los problemas económicos, políticos, sociales, emocionales, ecológicos, etc. han devenido en un crisol de ideas y compromisos científicos.
Previo al surgimiento de la pandemia, se ha puesto en evidencia la importancia de la producción científica para el desarrollo, la innovación y el desarrollo sostenible. Según la UNESCO, la investigación y desarrollo (I+D) es el proceso de investigación en conocimientos científicos y técnicos, con el objetivo de desarrollar tecnologías para obtener nuevos productos, materiales o procesos. Para ello, en las actividades de I+D, será fundamental que pueda apreciarse un importante nivel de creatividad o novedad (Schneegans et al., 2021). Por consiguiente, la ciencia comprometida globalmente produce tecnologías y patentes dedicadas a resolver los problemas que obstaculizan el crecimiento de los países, con estrategias eficaces de desarrollo de las naciones y su capital humano. Por otro lado, desde la década de 1990 la investigación para sustentabilidad emerge como un campo interdisciplinario que se propone estudiar los problemas impostergables del cambio climático (Casas et al., 2017); haciendo uso de su diversidad de enfoques, las ciencias biológicas, médicas, humanas, etc. estudian la relación entre naturaleza y sociedad, los fenómenos socio ecológicos y proponen técnicas y estrategias de cambio.
Sobre el producto final de la investigación, conviene dejar clara la diferencia entre informe y artículo científico antes de continuar. Aunque ambos pertenecen a la fase final del proceso, presentan rigor y orden, contienen estructura y partes similares, se los puede distinguir esencialmente a partir de su finalidad respecto a la comunidad académica. Mientras que los informes como la tesis, junto a la sustentación ante un jurado de pares son dispositivos para obtener un grado académico o profesional, los artículos científicos cuentan con un formato dinámico que facilita y apunta a una comunicación más amplia y busca crear comunidades de expertos que puedan desarrollar o avanzar a través del conocimiento obtenido. Por esta razón, no se debe confundir entre el profesional y el investigador ambos se complementan, pero la investigación requiere un tiempo proporcional a un campo aplicativo. Es así como se advierten problemas que suceden en las universidades de América Latina, por citar un caso en el cual el profesor que labora a tiempo parcial se desempeña como investigador o solo lo realiza en sus actividades un tiempo extra para tal actividad de investigar, entonces lo resultados esperados no son los esperados por la falta de investigación. En ese sentido, la formación tecnológica y profesional corresponde, por otra parte, al “nivel educativo conocido como formación profesional, vocacional o técnica, tiene por finalidad específica la educación integral y su capacitación para el ejercicio de una profesión específica” (De la Torre, 2009, p. 239).
Referencias
Babor, T. F., Stenius, K., Pates, R., Miovsky, M., O´Reilly, J., & Candon, P. (Edits.). (2017). Publishing addiction science: a guide for the perplexed. London: Ubiquity Press Ltd.
Casas, A., Torres, I., Delgado-Lemus, A., Rangel-Landa, S., Ilsley, C., Torres-Guevara, J. C., . . . Moreno-Calles, A. (2017). Ciencia para sustentabilidad: investigación, educación y procesos participativos. Revista Mexicana de Biodiversidad(88), 113-128.
De la Torre, Z. F. (2009). 12 Lecciones de pedagogía, educación y didáctica. 1ª ed. México: Editorial Alfaomega.
Hernández-Sampieri, R., & Mendoza Torres, C. P. (2018). Metodología de la investigación. Las rutas cualitativa, cuantitativa y mixta. Ciudad de México: McGraw-Hill Interamericana Editores.
Schneegans, S., Lewis, J., & Straza, T. (Eds.). (2021). Informe de la UNESCO sobre la Ciencia : la Carrera contra el Reloj para un Desarrollo más Inteligente. París: UNESCO.
Dra. Marlene Fernández M.
Educadora – Asesora de Tesis
CEO en INADETH
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